El 58 es uno de esos bares de tapas que sostienen la vida cotidiana de un barrio. Está en la Rambla del Poblenou, en el número que le da nombre, y desde hace años funciona como dirección de confianza para comer sin ceremonia en una de las zonas más transitadas del distrito de Sant Martí.
La propuesta se mueve en el terreno de la cocina mediterránea y catalana en formato de tapas para compartir, con una carta que combina los clásicos bien ejecutados con platos de registro más viajero: junto a las preparaciones de siempre aparecen cosas como hummus, fideuá, sashimi o risotto, y la selección se ajusta al producto de temporada. Esa mezcla, que sobre el papel puede parecer dispersa, es en la práctica lo que explica su público: gente del barrio, mesas familiares y visitantes que bajan la Rambla.
El local tiene un aire industrial desenfadado —espacio luminoso, tuberías y ladrillo a la vista— y cuenta con terraza, algo que en el Poblenou se agradece buena parte del año. El trato es de proximidad y sin pretensiones, en la línea de lo que la casa reivindica en sus propios canales: tapas clásicas, producto de temporada y sencillez. Admite perros en el interior y dispone de tronas, detalles que lo hacen cómodo para ir con niños.
Es un sitio para ir con tiempo y dejar espacio a la sobremesa, no para comer con prisa. La franja de mediodía suele llenarse.
Vigencia: el restaurante sigue abierto, pero su información operativa cambia con frecuencia y las fuentes disponibles no coinciden en horarios ni en teléfono de contacto. Recomendamos confirmar horario, reserva y carta por teléfono o en sus redes antes de desplazarse.
