El Filete Ruso trabaja una idea muy concreta y la sostiene desde 2010: hamburguesas y carnes elaboradas con materia prima ecológica y de proximidad. El nombre no es una boutade nostálgica, sino una reivindicación: filete ruso es como se llamó en España a la hamburguesa, por el origen tártaro del producto, y ese plato sigue siendo el emblema de la casa.

Lo que distingue al restaurante es la trazabilidad, explicada con un detalle poco habitual. Está certificado por Slow Food Barcelona desde 2010 dentro del proyecto de plato «Km 0», que impone exigencias concretas de origen y calidad. La ternera es ecológica y biodinámica, de una explotación familiar del Pirineo catalán donde los animales pastan todo el año y complementan su dieta con forrajes y cereales antiguos recuperados —fenigrec, gerd, la geixa, alforfón, centeno—, todos con certificado del CCPAE. El pollo llega de La Torre de l’Erbull, el cordero de Cal Pauet y el cerdo negro ibérico de Dpagès. Las frutas y verduras, ecológicas y de proximidad, proceden sobre todo de Soulblim de Gavà; el pan, de La Fabrique, con harinas molidas en piedra, masa madre y fermentaciones de quince horas mínimo; el queso, de Pinullet, la primera quesería urbana de Europa.

En la carta, junto al filete ruso, destacan el steak tartar, la tagliata de entrecot, las hamburguesas y los platos de verduras ecológicas de temporada, además de sus bravas. Hay opciones sin gluten. El local ocupa ochenta metros cuadrados en Enric Granados, con barra para comer rápido, banco corrido, mesa redonda para grupos de seis a nueve y terraza abierta todo el año. Del proyecto nació además Fileteando, el foodtruck Km 0 de la casa, en marcha desde 2011.