La idea era sencilla de enunciar y difícil de sostener: un restaurante entero construido alrededor del huevo. L’Eggs abrió en pleno Passeig de Gràcia, en el número 116, impulsado por Paco Pérez, el chef ampurdanés que acumula cinco estrellas Michelin entre sus distintos proyectos, y llegó después del éxito de La Royale, su incursión previa en un formato más informal. El planteamiento era homenajear uno de los alimentos más cotidianos y mejor considerados de la cocina española y exprimir sus posibilidades técnicas hasta donde diera de sí.
Y el huevo da mucho de sí. Es un ingrediente de comportamiento extraordinariamente sensible a la temperatura, capaz de pasar de líquido a cuajado con márgenes de pocos grados, y admite un repertorio enorme: cocciones a baja temperatura, fritos, escalfados, en tortilla, como base de salsas emulsionadas, como ligazón o como protagonista absoluto. La carta jugaba con esa versatilidad y la combinaba con ingredientes ecológicos y de proximidad, en un registro de platos pensados para compartir y en un ambiente desenfadado, lejos de la etiqueta que suele acompañar a la alta cocina.
Visto con perspectiva, L’Eggs pertenece a una familia de proyectos monoproducto que Barcelona vio florecer en aquellos años, cuando varios cocineros de prestigio probaron formatos satélite más accesibles que sus casas madre. Que el local acabara cerrando no invalida el ejercicio: convertir un ingrediente de nevera en el eje de una carta completa sigue siendo una de las formas más honestas de demostrar oficio.
Nota de vigencia: L’Eggs es un establecimiento cerrado. Este artículo se conserva como testimonio de una propuesta que tuvo recorrido propio en la Barcelona de su momento; no incluye datos de contacto porque el restaurante ya no opera.
