Nota de archivo: crónica de una visita de enero de 2013, cuando The Snob llevaba tres días abierto en la zona alta de Barcelona. No hemos podido confirmar que el local siga en funcionamiento ni localizar una web oficial vigente, así que este texto vale como testimonio de su apertura y no como recomendación actual.

Llegamos a The Snob cuando apenas habían levantado la persiana por tercera vez. La propuesta estaba clara desde la puerta: hamburguesas, ambiente cuidado y una ubicación —Muntaner 328— pensada para encadenar cena y noche, con Luz de Gas, Sutton o Bling Bling a un paso. El comedor se llenó de gente con ganas de una buena velada, que era exactamente el público al que apuntaba la casa.

Para empezar, funcionaban muy bien los platos de picar: las alcachofas con romesco y los fingers de pollo cumplían sobradamente, y nos obsequiaron con unas chips de hortalizas notables. Pero lo importante estaba en la parrilla. La oferta iba de la hamburguesa más ligera —pollo con espinacas salteadas— a la que daba nombre a la casa, la Snob: buey con foie, parmentier trufado y cebollitas glaseadas. Fue nuestra elección y fue un acierto.

En los postres había tiramisú, carrot cake y helados. Probamos el tiramisú, nada despreciable; nos indicaron que era casero, aunque no elaborado en el propio local. La carta de vinos era corta pero correcta, con referencias informales y precios sin inflar, algo poco habitual en aquella zona de la ciudad.

Del servicio destacamos lo que más cuesta en una apertura: a pesar de los nervios de los primeros días, el equipo era atento y tenía ganas de complacer. Comparado con otras hamburgueserías de referencia del momento, los precios eran similares pero la atención mejor. Se notaba un proyecto con intención de dar que hablar.