Aviso de vigencia: la visita corresponde a 2012. Bodegas Muga continúa en plena actividad en Haro y mantiene su programa de visitas y catas, aunque horarios, precios y experiencias enoturísticas se han renovado: conviene consultar y reservar en su web oficial.
En aquel viaje por La Rioja encadenamos varias bodegas —López de Heredia, Dinastía Vivanco, Marqués de Riscal— y no podía faltar Muga, cuyos vinos de cabecera, Torre Muga, Prado Enea y Aro, son su máxima expresión. El primero sigue siendo uno de nuestros favoritos.
La bodega se asienta en el emblemático Barrio de la Estación de Haro, sobre un edificio bicentenario. Es una casa familiar fundada en 1932 por Isaac Muga y Aurora Caño, hoy en manos de la tercera generación, y su particularidad es que conserva prácticas que casi nadie mantiene: fabrican sus propias barricas, trabajan con tinos de madera, trasiegan por gravedad y clarifican con clara de huevo. Artesanía de hace un siglo, combinada con una lectura muy hábil del enoturismo.
La visita, con reserva previa, arranca en la tienda y recorre después las etapas del vino: tinos de maceración, trasiegos, clarificación y barricas. Se cierra con una cata guiada de su blanco (mayoritariamente viura, con malvasía) y de su tinto, ambos notables. En la tienda está además el Wine Bar, donde se puede pedir por copas y comparar, por ejemplo, un Torre Muga con un Prado Enea: la diferencia es reveladora.
Si se solicita, también se visitan los viñedos, con explicación de variedades —garnacha, viura, tempranillo, graciano, mazuelo— y de por qué esta zona despegó a finales del siglo XIX tras la filoxera. Último consejo: los precios en tienda merecen la pena.
