Nota editorial (2026): ficha publicada en enero de 2012 sobre la añada 2011. Tanto la añada como el precio de referencia de entonces (unos 7 €) están superados; el vino se sigue elaborando en añadas posteriores. Añadimos un contexto imprescindible: desde 2019 Gramona no etiqueta sus espumosos como Cava, sino bajo la marca colectiva Corpinnat.
Gessamí era ya entonces un clásico por tres razones: untuosidad, dulzor sabroso e intensidad aromática. Es un blanco nacido de un coupage complejo de variedades blancas, elaboradas por separado antes del ensamblaje, y el nombre no es casual: el jazmín —gessamí en catalán— resume su perfil.
En nariz resultaba muy expresivo, dominado por flores blancas —jazmín, azahar—, con recuerdos de fruta amarilla jugosa, abundante piel de cítrico y toques minerales muy sutiles. En boca era agradable y seductor, amplio y untuoso, con las flores y la fruta en primer plano, buena acidez para sostener el conjunto y un final largo y persistente, casi meloso. Un detalle técnico que explicaba parte de su finura: solo se empleaba el mosto flor de cada variedad, la fracción más delicada del prensado.
Es un vino de compañía más que de meditación: funciona en una comida animada entre amigos, con arroces, pescado azul, cocina asiática suave o quesos frescos, donde su aromática floral y su textura se defienden sin pelearse con el plato.
El contexto de la bodega también ayuda a entenderlo. Gramona trabaja sus tierras de las cuencas de los ríos Noia y Bitlles, cerca de Sant Sadurní d’Anoia, desde mediados del siglo XIX, y se define como «artesanos del tiempo», con la xarel·lo como columna vertebral de sus espumosos. Ese respeto por la variedad local es el mismo que se percibe en un blanco tranquilo como este.
Para conocer la añada disponible hoy y sus precios actuales, lo mejor es acudir directamente a la bodega: gramona.com.
