Hubo un tiempo en que Barcelona descubrió que la tapa también podía llenar un pabellón. El San Miguel Tast Bcn fue uno de aquellos experimentos que funcionaron a la primera: una feria impulsada por la cervecera en torno a la festividad de su santo, donde una veintena larga de restaurantes presentaban tres tapas cada uno a 1,5 euros la unidad.
El mecanismo era sencillo y eficaz. La entrada era gratuita y el pago se hacía con fichas de un euro cambiadas en taquilla, lo que agilizaba las colas. Las mesas altas invitaban a comer de pie, aunque siempre acababan formándose corros improvisados por el suelo, esa liturgia reconocible de las ferias de tapas.
Se votaba mediante una aplicación móvil y el domingo se entregaban los premios, dotados con 3.000, 1.500 y 500 euros. En 2013 ganó claramente el pescado, con las gambas al ajillo de Le Pain Quotidien primero y la caballa marinada de Bodegas Granados segunda.
Nuestro podio particular fue distinto. La caballa nos pareció un marinado impecable, de carne melosa y fondo cítrico con eneldo. Muy cerca quedó el Abracadabra de bolets del Grupo Lancaster & Uma, la tapa más ingeniosa: había que verter el caldo sobre un velo transparente que desaparecía ante el comensal, escondiendo un puré de setas irresistible. Completaba la terna el ceviche de Sibarit’s, en concha de vieira.
El formato no era exclusivo de Barcelona: aquel fin de semana se celebraban citas hermanas en Sevilla, Arganda y Santander. Visto con perspectiva, fue un eslabón entre las rutas de la tapa de barrio y las grandes ferias que vendrían después.
Nota de vigencia: esta crónica corresponde a la edición de 2013 del San Miguel Tast Bcn, celebrada en el Sant Jordi Club de Barcelona. Se conserva como documento histórico: precios, premios y participantes son los de aquella convocatoria y no describen ninguna edición actual.
