Hay alojamientos que se recuerdan por la habitación y otros por el trato. El Palacio de Casafuerte, en Zarratón (La Rioja), pertenecía claramente al segundo grupo.

Buscábamos una escapada especial tras un primer cuatrimestre agotador: buena mesa y hotel con encanto. La ubicación jugaba a favor, porque Zarratón queda a apenas diez minutos de Haro, capital del Rioja, con bodegas históricas alrededor como López de Heredia, Muga o CVNE.

El edificio tenía historia: origen documentado en el siglo XI y, más adelante, residencia del Conde de Casafuerte. Se había reconvertido en una hospedería de lujo de solo cinco habitaciones, decorada con gusto mezclando estilos y conservando intactos los elementos arquitectónicos. Las estancias y el salón eran amplios, con un confort que subrayaba el valor histórico de la finca. Siendo tan pequeño, era habitual encontrarlo completo.

El restaurante, instalado en el antiguo granero y regentado por el hijo del propietario, ofrecía cocina tradicional con un toque de modernidad que nos pareció excelente. Quien tuviera tiempo podía pedir que le mostraran los calados del siglo XI, que entonces se preparaban para volver a usarse en la elaboración de vino propio.

Pero lo que marcaba la diferencia era el ambiente familiar: desayunar con los propietarios mientras te recomendaban qué visitar o te contaban la historia del edificio. Un diez en servicio.

Vigencia (2026) — atención: esta reseña es de junio de 2012 y debe leerse como documento histórico. No hemos podido verificar que el hotel siga operando. El dominio oficial que citábamos, casafuerte.es, ya no aloja la web del establecimiento: hoy muestra una página de aparcamiento de dominios de su proveedor de hosting, y no hemos localizado una fuente oficial que confirme actividad ni condiciones actuales. Antes de planificar cualquier viaje, conviene comprobar por canales actualizados si el alojamiento y su restaurante continúan abiertos.