De platillos por el Baix Empordà. El Rakú era un pequeño restaurante situado en Corçà, un municipio del interior gerundense, que gracias a sus deliciosos y originales platillos se había hecho un nombre y era famoso en su zona. De esos sitios que uno recomienda bajando la voz, para que no se llene demasiado.

La carta era muy variada: ensaladas de varios tipos, pastas, pescados… todo delicioso. Nuestra recomendación era el bacalao, y aún hoy no sabríamos decir qué nos gustaba más, el pescado o la salsa/confitura de tomate que lo acompañaba. En cualquier caso, delicioso.

Punto a destacar: su relación calidad-precio, realmente muy buena. El formato de platillos permitía comer muy variado a un precio razonable, algo que en la Costa Brava no siempre es fácil. Su carta de vinos tampoco estaba nada mal, con blancos fresquitos para el verano; nosotros elegimos un José Pariente Verdejo, que funcionó de maravilla con el bacalao.

Punto de mejora, y esta vez dirigido a los comensales: cuidado con no pedir de más, porque son platillos y no tapas, y conviene reservar un rinconcito para los postres. Confesamos que siempre que íbamos al Rakú pedíamos lo mismo: bacalao con tomate, roquefort con nueces y miel… ¡ah!, y recuit de Ca la Nuri para cerrar.

Era, en definitiva, el tipo de casa de pueblo que justifica desviarse de la carretera de la costa y adentrarse unos kilómetros en el Empordà.

Nota de vigencia: esta reseña corresponde a una visita de 2012 y se conserva como testimonio. No hemos podido confirmar en fuentes oficiales o guías de referencia que Rakú siga abierto en la actualidad, de modo que recomendamos comprobar por teléfono antes de desplazarse.