El Celler de Can Roca es el proyecto de los hermanos Joan, Josep y Jordi Roca en Girona y una de las mesas más reconocidas del mundo. Nuestra visita fue en diciembre, de modo que el menú estaba marcado por los productos de temporada: la trufa negra y las castañas aparecían en varias elaboraciones. El comedor, articulado en torno a un patio de luces, resulta sorprendentemente acogedor para un restaurante de este nivel, y el sol de invierno entrando en la sala fue parte de la experiencia.

Optamos por el menú más largo, entonces llamado menú festival, frente a la alternativa más corta centrada en los platos clásicos de la casa. Conviene tener presente que las dos propuestas no comparten contenido. De aquella comida destacaríamos prácticamente todo, pero si hay que elegir: la cigala al vapor de Palo Cortado, el conjunto dedicado a la gamba, la ensalada de anémonas con navajas y espardenyas —servida en una pieza de cerámica de Pordamsa— y los postres, con la ya mítica manzana de feria y un helado de masa madre con pulpa de cacao. También tuvimos la suerte de que nos mostraran la bodega, realmente impresionante, y de poder charlar un rato con los hermanos Roca.

El restaurante se define como un proyecto en evolución permanente desde hace más de tres décadas, sostenido sobre la autenticidad, la audacia, la generosidad y la hospitalidad. Alrededor de él los Roca han desarrollado todo un universo de proyectos en Girona, desde la heladería Rocambolesc hasta Casa Cacao o el restaurante Normal.

Vigencia: los platos y los precios citados corresponden a nuestra visita y han cambiado desde entonces. Las reservas y la oferta vigente se consultan en la web oficial.