Pedralbes tiene muchas virtudes, pero durante años la oferta gastronómica no fue una de ellas. Ahí encontró su hueco Central Park, un proyecto construido sobre la idea de servir para casi cualquier momento del día. Actualizado a 2026: el restaurante sigue abierto en Carrer de Pedro i Pons, 11, y hoy define su cocina como mediterránea de producto local, con un discurso que cruza «la elegancia y sofisticación de Nueva York con la esencia mediterránea y vibrante de Barcelona».
Cuando escribimos por primera vez sobre la casa, lo que más nos llamó la atención fue su polivalencia. Con una franja horaria amplísima, permitía desayunar, tomar el aperitivo, comer, alargar un café por la tarde, cenar y cerrar la velada con una copa. Todo repartido en dos ambientes bien diferenciados: un interior moderno y acogedor y una terraza especialmente tranquila, favorecida por una ubicación con poco tráfico y un pequeño parque al lado.
Inaugurado en 2010, supo fidelizar a una clientela joven y dinámica completando la cocina con programación de eventos, por ejemplo la emisión de partidos de fútbol, algo que reforzaba ese carácter de local para todo.
En la mesa funcionó bien casi todo. Del aperitivo destacamos la coca de escalivada con boquerones, las alcachofas fritas y la burrata. De segundo, un chuletón fileteado de 800 gramos para compartir entre dos o tres, que llegaba sobre una plancha caliente para terminar de hacerlo al punto deseado —conviene ir con cuidado, porque el aceite salpica—. En postres hay un buen surtido de helados y tartas; el lemon pie nos conquistó.
