Comida tradicional en un lugar futurista. Desde un emplazamiento tan emblemático como la cúpula acristalada del Hesperia Tower, obra del arquitecto Richard Rogers, se disfrutaban unas magníficas vistas de Barcelona. Nuestro consejo entonces era ir a cenar temprano para ver caer la tarde y encenderse la ciudad: espectacular.
El restaurante era fiel a su creador, el gran chef Santi Santamaría, con su genuina impronta de cocina basada en producto de excelente calidad. El proyecto lo conducía un chef de la casa, Ismael Alegría, formado en los fogones de Can Fabes y Sant Celoni.
Digno de la estrella Michelin que llegó a ostentar, todo estaba cuidado hasta el mínimo detalle, desde la vajilla ¡hasta el trocito de mantequilla! El servicio era impecable en conocimientos y trato, con ese servicio en mesa que hoy lamentamos ver en desuso.
Hicimos menú degustación, con opción de completarlo con el carro de quesos de denominación de origen, aunque sinceramente con el menú se llega bastante justo a los postres y con algún esfuerzo a los petit fours. De los platos destacamos la peana de pequeños entretenimientos y la terrina de ternera, foie y pistachos de kumquats. De postre, la cúpula de chocolate sorpresa era un placer para los amantes del cacao, comparable a la galaxia de chocolate de Nandu Jubany. Entre los petit fours, nuestro preferido: la tartaleta de frutos rojos.
Otro carro a destacar era el de ginebras: para mejorar la digestión y alargar la velada, nada como cerrar con un gin-tonic recomendado por la casa.
Nota de vigencia: este artículo es un testimonio histórico. Evo cerró y ya no puede visitarse; el edificio que lo albergaba, el Hesperia Tower de L’Hospitalet de Llobregat, opera hoy bajo otra marca hotelera (Hyatt Regency Barcelona Tower) y su dominio original ya no está activo.
