Nota de archivo. Reseña publicada originalmente en junio de 2012. Los datos de carta, precios y reserva que contenía han quedado obsoletos y se han retirado; el texto se conserva reescrito como documento de una etapa concreta de la restauración barcelonesa.

La Royale abrió en la Plaça del Camp, en la zona alta de Barcelona, cuando dos modas coincidían en su punto más alto: la hamburguesa gourmet y el gin-tonic de autor. El local hizo de esa coincidencia su programa. La propuesta se articulaba como un viaje por continentes a través de carnes poco habituales en la hamburguesería convencional —bisonte, avestruz o buey de estilo Kobe, entre otras—, y la barra ofrecía combinaciones de ginebras y tónicas con asesoramiento del personal de sala, en un momento en que esa conversación con el barman era todavía una novedad en la ciudad.

El proyecto contó con el asesoramiento del chef Paco Pérez, cuya trayectoria en Miramar (Llançà) y Enoteca (Hotel Arts) le había valido reconocimiento en la Guía Michelin. Esa firma explicaba el cuidado de las mezclas de carne, por encima del estándar del formato. El apartado dulce se apoyaba en pastelería externa de primer nivel barcelonés, con nombres como Oriol Balaguer y Carles Mampel (Bubó), lo que convertía el postre en un argumento por sí mismo y no en un trámite.

La objeción que ya señalábamos en su día sigue siendo la clave para entender el proyecto: un ticket medio propio de restaurante de mantel, aplicado a un producto que el comensal asocia a un consumo informal. La Royale pertenece a la primera oleada de locales que intentaron resolver esa tensión en España, y su recorrido ilustra lo estrecho que resultó ese margen.

Vigencia. No hemos podido confirmar que el restaurante siga en funcionamiento: su antiguo dominio no presenta hoy contenido de restaurante activo (comprobado en septiembre de 2026). Por prudencia, no publicamos horarios, carta, precios ni teléfono, y recomendamos verificar por canales oficiales antes de desplazarse.