Llegaba la primavera y con ella las ganas de comer junto al mar. Elegimos la zona del hotel W, en la punta de la Barceloneta, y el restaurante La Viblia, situado al pie del edificio.

Por entonces el entorno todavía estaba en desarrollo y la oferta gastronómica era escasa, apenas algún nombre como el Pez Vela, del grupo Tragaluz. La Viblia destacaba por su terraza de aire lounge, buen lugar para la copa de bienvenida o para alargar la comida con un cava o un cóctel escuchando el mar de fondo. Pese a estar completo, el servicio fue correcto y amable.

La casa presumía de arroces: en los fogones estaba José Bustamante, medalla de plata como paellero en España. Nosotros, sin embargo, nos aventuramos con la fideuá y no nos sorprendió. Mejor suerte tuvieron los entrantes: bocaditos de bacalao, trufas de sepia y croquetas de la abuela, a los que sumamos una ensalada y unos mejillones al vapor. El conjunto resultó una comida muy decente, regada con un José Pariente verdejo de 2011, fresco y afrutado.

Existía menú incluso en domingo, en torno a 30 €, argumento suficiente para recuperar la costumbre de la paella dominical. Aconsejábamos ir con tiempo para pasear por el hotel, de decoración minimalista milimetrada y zona de piscinas con aire glamuroso. La terraza superior, la discoteca Eclipse, no abría hasta las 19:00 h, así que se nos quedó pendiente.

Vigencia (2026): esta crónica es de mayo de 2012 y tiene valor histórico. La Viblia ya no existe: la oferta gastronómica del W Barcelona se ha reformulado por completo y hoy su propuesta de restauración gira en torno a FIRE, centrada en parrilla y producto mediterráneo. Ni el menú, ni los precios, ni el equipo de cocina que describimos siguen vigentes; el entorno del Passeig del Mar, además, está hoy plenamente consolidado.