Aviso de vigencia: la visita se realizó en diciembre de 2012 y la propia reseña original ya hablaba en pasado del restaurante. A día de hoy el dominio restaurantmatsu.com no resuelve y no hemos localizado ninguna fuente oficial que confirme que Matsu siga abierto en Sant Cugat, por lo que este texto debe leerse como documento histórico.

Matsu era uno de esos sitios que llevaban demasiado tiempo en nuestra lista sin que encontráramos el momento de subir hasta Sant Cugat del Vallès. Después de la experiencia, la conclusión fue clara: valía el desplazamiento.

El nombre no era casual. Matsu (松) significa «pino» en japonés y remitía al señor Matsuyama, propietario del establecimiento. El ambiente era tranquilo y cuidado al detalle, y la mejor mesa era la barra: desde allí se veía trabajar de cerca la técnica japonesa auténtica.

La cocina la firmaba Shigeru Sekido, que obtuvo el reconocimiento de itamae (板前) tras más de diez años de experiencia en Japón, buena parte de ellos en el restaurante Odajima de Tokio, casa conocida por maridar con vinos europeos y por incorporar ingredientes occidentales. Sekido, además, tenía titulación de sumiller de sake. Sobre su puesto de trabajo, visible desde cualquier ángulo del comedor, exhibía los cuchillos que avalan el título, forjados con el mismo método tradicional que las katanas y con su nombre tallado en el mango.

La propuesta era mediterránea de producto y japonesa de técnica. Recomendamos los platos con solomillo —el maki de solomillo y foie, sobre todo— y el variado de sushi; también son referencia el sukiyaki y los nigiris de ventresca. Aunque la carta tenía una buena selección de vinos y cavas catalanes, nosotros elegimos un Baigorri crianza. Los postres estaban a la altura: helados de té, sésamo negro, wasabi o tiramisú de té verde. Había además menús de tapas, de sushi y el propio menú Matsu.