The Room Service se definía a sí mismo como «un break en cualquier momento, durante el fin de semana o un aperitivo un martes». La fórmula, deliberadamente elástica, describía bien lo que uno encontraba allí: un sitio sin ceremonia al que se podía ir por motivos y a horas muy distintas.

En nuestro caso, la visita tenía un objetivo concreto: una cena de amigas. Platillos para compartir, una copa de tinto y conversación sin prisa. Las expectativas se cumplieron sin sobresaltos, que en hostelería es más mérito de lo que parece.

Estaba en la zona alta de Barcelona, en el Paseo de la Bonanova, junto a Vía Augusta, un área que por entonces ganaba oferta de restauración a buen ritmo. La terraza era el activo más disputado, así que reservar era prácticamente un requisito.

Destacaba el servicio: atento y pendiente de que todo estuviera correcto, sin exceso de protocolo. La carta no era extensa pero sí variada. Picoteamos arancinis de sepia y tártar de salmón, y probamos el parmentier señalado como especialidad de la casa: se podía acompañar de langostino, foie o huevo, y la versión con foie resultó un acierto claro.

El apartado dulce era amplio para un local de este perfil: una decena de postres, desde los clásicos — cheesecake, lemon pie — hasta propuestas más locales, como el yogur de la Cerdanya o el maki de tiramisú. Ofrecían además menús de grupo en torno a los 25 euros.

Era una opción sólida para una cena informal en la parte alta de la ciudad, de esas que uno recomienda aunque no aspiren a entrar en ninguna guía.

Nota de vigencia: esta reseña corresponde a una visita realizada en septiembre de 2014. A fecha de 16 de septiembre de 2026 el dominio theroomservice.es ya no resuelve, lo que indica que el restaurante ha cesado su actividad tal como se describe aquí. El texto se conserva como archivo del blog y no debe tomarse como recomendación vigente.