Otro verdejo de calidad. José Pariente es el nombre del padre de una de las propietarias de la bodega y, siendo así, no podía defraudarnos: hay vinos que cargan con una responsabilidad familiar que se nota en la copa.

Ya desde sus inicios, a finales de los noventa, este blanco era una referencia de la denominación, y con los años no ha dejado de mejorar. Los verdejos de Rueda suelen ser sugerentes y muy agradables, con cierta untuosidad y, sobre todo, muy frescos y ácidos. Este es un ejemplo de manual.

A la vista presenta un color amarillo pajizo brillante con reflejos verdosos. En nariz desprende intensos aromas típicos de la variedad —florales y de fruta tropical— junto a importantes notas cítricas y de hinojo, todo sobre un característico fondo anisado y con ese toque amargo final tan reconocible del verdejo.

En boca la entrada es muy fresca, con paso glicérico y goloso, acidez agradable y un final persistente. Es un vino ideal para el verano, tanto como aperitivo como para acompañar pescados y mariscos; también funciona muy bien con platos de cuchara ligeros y con quesos frescos. Nosotros lo hemos disfrutado, por ejemplo, con un bacalao con confitura de tomate en el Empordà, y la combinación fue redonda.

Conviene recordar que el verdejo joven se bebe mejor bien frío pero no helado —entre 8 y 10 ºC— para que no se pierdan esos aromas varietales que justifican el precio.

Más allá de esta añada, el proyecto ha crecido bastante: la bodega trabaja hoy bajo el paraguas familiar Pariente Tradición Familiar, con elaboraciones que parten del estudio y la clasificación de los suelos y que se han extendido a otras denominaciones además de Rueda —Bierzo, Ribeiro, Cebreros— y a tintos y rosados, con verdejo y sauvignon blanc como referencias en su zona de origen. También ofrecen visitas y catas de enoturismo.