Qué bueno conocerte. Como ya hemos contado alguna vez, le tenemos un cariño especial a La Rioja, no solo por su comida y su vino, sino también por su gente, amable y educada. Y de esos viajes salen casi siempre los mejores hallazgos, que rara vez son los más caros.
Pues bien, una de estas buenas gentes, en el restaurante Casafuerte, nos recomendó un vino sencillo de una cooperativa local. Al día siguiente fuimos a comprar una caja: la relación calidad-precio hace de este «desconocido» monovarietal una pequeña joya para el día a día.
San Vicente de la Sonsierra es una población cercana a Briones y no muy lejos de Haro, a los pies de la sierra de Cantabria, en la llamada milla de oro riojana. Ese emplazamiento ya da cierta entidad al caldo que se fermenta en esta bodega, nacida como cooperativa de viticultores de la zona.
Al ser un crianza, sabemos que entre barrica y botella debe pasar como mínimo 18 meses, con al menos 12 en barrica; en este caso, barricas nuevas de roble americano. Su 100% de uva tempranillo le da un color cereza intenso con reflejos granates. Es potente en nariz, combinando aromas tostados, frutas maduras y notas minerales, y resulta amplio y elegante en boca, con un final vivo.
Este vino fue el maridaje de un cochinillo, y la pareja funcionó muy bien: la acidez y el tanino aún joven limpian de maravilla un plato graso. También lo vemos con asados de cordero, guisos y quesos curados.
Nota de vigencia: la añada 2008 aquí reseñada está agotada y hoy resulta imposible de encontrar en el mercado. Sonsierra Crianza se sigue elaborando en añadas actuales, y la bodega mantiene además una amplia gama —reservas, grandes reservas, vinos de parcela y de viñedo viejo— junto a propuestas de enoturismo; el precio actual difiere del que indicamos entonces.
