Algunos descubrimientos no se planean. Este llegó un sábado por la tarde, al final de una semana intensa, paseando por el Eixample barcelonés: un centro de masaje balinés que había visto muchas veces sin prestarle atención y que aquel día miré con otros ojos.
Entramos tarde, pasadas las siete, sin reserva, y nos atendieron sin problema. Nos explicaron las opciones disponibles y escogimos el masaje balinés, en la sala de cama doble. Las masajistas, ambas indonesias, hicieron un trabajo excelente con las contracturas. Una hora después salimos doloridos y como nuevos a la vez, esa mezcla contradictoria que delata un buen masaje profundo.
Conviene saber de qué hablamos. El balinés no es un masaje suave: es una terapia corporal completa, de presión media-alta y con aceites tibios, que combina en una sola sesión amasamiento profundo, acupresión sobre puntos de energía, reflexología y estiramientos de inspiración yóguica. Hereda las prácticas de los balian, los sanadores tradicionales de la isla, y su objetivo no es solo aflojar el músculo, sino reequilibrar cuerpo y mente. No existe un protocolo estándar: cada escuela aporta sus matices.
La relación calidad-precio nos pareció muy correcta, la decoración cuidada y el ambiente agradable. Un spa urbano que merece la pena probar. Nos llamó la atención otra fórmula: cerrar el local para un grupo de amigas y aplicar tratamientos de belleza mientras se toma una copa, un plan distinto para una celebración.
Vigencia (2026): la visita se realizó en 2012 y el centro continúa abierto, pero ha evolucionado mucho. Hoy opera como Bali Spirit Luxury Art Spa, con un catálogo de rituales de autor muy ampliado y reserva online. Conviene consultar servicios, dirección y tarifas actualizadas en su web, ya que nada de lo que pagamos entonces sirve como referencia de precio.
